
A finales del pasado mes de junio -cuando el verano parecía que iba a ser eterno, ¡qué ilusión!-, un grupo de alumnos de 1º y 2º de Bachillerato y dos profesores (Fernando Poza y un servidor) nos acercamos a la Asociación El Pato Amarillo, en el cercano barrio de Orcasitas, para entregarles los kilos de alimentos recogidos a lo largo del último trimestre en el colegio.
El resultado de la campaña fue de unos setenta kilos. Así escrito, no parece mucho, pero si tenemos en cuenta que de cada kilo de legumbres se pueden cocinar bastantes platos de comida, tal vez hayamos contribuido a que algunos cientos de personas hayan podido beneficiarse de nuestra aportación.
La Asociación El Pato Amarillo lleva varias décadas trabajando en el barrio, primero con los jóvenes que caían en la droga y con sus familias y, ahora, con todo aquel que necesita alimentos, ropa o ayuda de cualquier tipo. Los responsables de la asociación son un grupo de mujeres muy valientes que han sabido responder siempre a las necesidades de los que sufrían a su alrededor.
Aquella tarde de junio -no sólo les entregamos la comida, sino que compartimos un buen rato de charla con ellas- nos desveló uno de los secretos mejores guardados de nuestro barrio: hay gente cuya felicidad pasa por la felicidad de los que peor lo pasan.
Gracias por vuestro testimonio, vecinas.